domingo, 6 de julio de 2014

¡PAREN, QUE ME QUIERO BAJAR!

        Alguna vez, en su vivencia como papás han sentido las ganas de gritar: “¡PAREN, QUE ME QUIERO BAJAR!”.

Pues yo sí, y al parecer, por lo que me cuentan otros papás en los talleres o en consulta, no soy la única. Pero ¿a qué me refiero? Las situaciones pueden ser tan diversas como lo son nuestras familias, pero básicamente, hago alusión a aquellos momentos en los que la demanda de nuestras actividades diarias (profesionales, relaciones laborales-sociales y el trabajo en casa –ya saben, ese que nunca se acaba-) y la relación con nuestros hijos nos dejan exhaustos. Especialmente porque muchos de esos esfuerzos están encaminados a su bienestar, a ayudarlos a crecer de la manera que nos parece más adecuada y pareciera que no importando cuán grande sea nuestro esfuerzo, nunca logramos satisfacer sus demandas materiales y emocionales. “PAREN QUE ME QUIERO BAJAR”.
           
       Y lo que pasa a veces, es que además de todo aquello que “hacemos”, nuestros hijos no están al tanto de que establecemos nuestra relación con ellos con nuestras mejores intenciones, sobreponiéndonos a nuestras propias carencias. Pues fuimos educados por padres que a su vez tuvieron sus propias carencias emocionales     –las cuales en ocasiones nunca fueron conscientes ni trabajadas- y de modelos de conducta basados más en la obediencia vertical que en la negociación. Y de repente, nos encontramos nosotros siendo adultos, con niños internos lastimados, a veces conscientes de ello y trabajándolo, y la mayoría de las veces sólo sacando fuerzas de flaqueza para no recurrir a las viejas prácticas paternales vividas en carne propia. “PAREN QUE ME QUIERO BAJAR”.

    Otra cosa que no saben nuestros hijos, es que ante escenarios como esos, con nuestro aparato psíquico y emocional agotado, en la primera persona que repercute es en la pareja. Porque claro, si tú estás exhausto, sintiéndote vacío, con qué acompañas amorosamente al otro. Esta sensación de “me quiero bajar”, parece que va “en paquete” con la pareja, y la alucinación es que apartándote de TODO, tal vez recuperes parte de tu identidad desdibujada en tanto esfuerzo y puedas recuperar “tu vida”. 

     Aclaro, no tu vida real (sí, esa que te tiene agotado), sino “tu vida ideal”, esa que te imaginaste cuando iniciaste tu matrimonio, en la cual soñaste que todo esfuerzo sería compensado con una satisfacción directamente proporcional al empeño que pusiste, empezando por el económico y siguiendo por la placidez de una relación de pareja, plena, apasionada. Coronada por la felicidad de la llegada de unos hijos que siempre serían agradecidos con aquello que les ofrecemos. Entendiendo ese agradecimiento como devoción, obediencia, alegría y empatía hacia nosotros, sus amorosos padres.
Pero no, esa no es “tu vida real”, es “tu vida ideal”, producto sólo de tus expectativas. Tal vez, lo que más agota es constatar que esas expectativas están demasiado alejadas de la realidad.

     ¿Qué hacer entonces? – además de gritar: “PAREN QUE ME QUIERO BAJAR”.
Vale la pena agradecer a esa hermosa imagen de familia y pareja que nos habíamos hecho y… despedirla.

     Acto seguido, hacer una aspiración muy profunda y darle la bienvenida – con los brazos abiertos – a la familia y pareja que en realidad tienes y de la cual eres parte. Aceptarla con todo aquello que tiene y que carece, apreciando la felicidad que sí te da, resaltando las virtudes que sí tiene, recuperando esos momentos que te han hecho llorar de emoción, no por su parecido con tu imagen ficticia de familia, sino por la emoción que has experimentado, que es tuya, que es invaluable y que ES REAL.

Charlar con tu pareja sobre todo esto que sientes que está a punto de rebasarte, también ayuda. Por lo menos le deja la claridad de que lo que está pasando no es contra él o ella. Que nuestras frágiles expectativas se están desmoronando, y que lejos de que esto sea negativo, es un aliciente al despertar adulto desde el cual sí puedes hacer algo distinto, empezando por la actitud con la que lo afrontas. Cuando puedes compartir esto con tu pareja, es probable que él o ella también te muestren los añicos de sus propias expectativas. Cuando el encuentro se da de manera amorosa, estas astillas pueden ser el cimiento de la construcción de una familia más fuerte y unida, partiendo de lo que sí hay y distinguiendo lo que se quiere conservar de ella.

     Así que la próxima vez que quieras gritar: “PAREN QUE ME QUIERO BAJAR”, respira profundo, deja salir el aire dando un suspiro pronunciado, como dejando que el oxígeno llegue a tu cerebro, y desde ahí, date tiempo de reflexionar si lo que te rebasa es lo que está ocurriendo o la expectativa que tenías de ello. Si lo que falla sólo es la expectativa, date un ratito para despedirla y, respirando con toda consciencia, abre un paréntesis para ver a tu familia real… ¿qué observas? ¿Qué conservarías de esta dinámica? ¿Qué ya no quieres conservar? Con esto más claro, ve y platícalo con tu pareja, luego y en consenso, con tus hijos. Renueven votos partiendo de su realidad.

     Y así, tal vez la próxima vez que griten: “PAREN QUE ME QUIERO BAJAR”, sea porque han llegado juntos y con gozo al destino que han construido todos los días.


lunes, 30 de junio de 2014

El dolor sin voz... los hijos invisibles

 El dolor sin voz... los Hijos Invisibles

Los hijos invisibles son aquellos que no son vistos ni reconocidos por los padres en la vida cotidiana. Puede presentarse esta situación por alguna circunstancia específica en la vida de la familia o de los padres durante la infancia de estos niños; o simple o sencillamente, porque estos niños no entran en el radar del interés de sus padres.

Vivir en la invisibilidad genera mucho sufrimiento, pues es como estar sin voz, es lo más parecido a “no existir”. No son niños agredidos o lastimados físicamente – vaya, no son golpeados – pero viven en la sombra. Pero ni uno ni otro escenario es deseable, pues en ambos se crean heridas muy profundas en su psique y determinan muchas de sus acciones en el futuro.

Estos niños, crecen en el aislamiento e introversión, las heridas que supuran en ellos son las del abandono y el rechazo. Lo que les comunica la actitud de sus padres, es que no han sido merecedores de su amor, y por tanto, de la vida. Este peso es sofocante y los lleva a apagar su voz. Trasladan esta conducta a los ámbitos en los que se relacionan y crecen sin ser vistos ni oídos tampoco por los demás, confirmando su sentir de minusvalía. Si llegan a tener pareja, siempre se sentirán que menos ante ella, y reproducirán ese comportamiento con esta y sus hijos, produciendo así, más hijos invisibles.
Los niños invisibles, en la búsqueda de ser vistos, tienden a manifestarse de dos formas (CHÁVEZ, 2011), hacia la gente o contra la gente. Los primeros son los que aceptarán “ponerse de tapete” con tal de ser vistos. También tenderán a ser MUY extrovertidos, casi excéntricos para “forzar” a que la gente a verlos.
Los segundos, los que actúan “contra la gente”, son niños que manifiestan su enojo por no ser reconocidos en casa, en su entorno, por ejemplo, siendo muy agresivos con sus compañeros en la escuela. Incluso ha habido los que desarrollan conductas sociópatas en su afán de ser vistos.
Los salvavidas para estos niños pueden ser personas que están a su alrededor y se percatan de estas situaciones, pueden ser los abuelos, tíos, vecinos, maestros, etc., que pueden fungir como rescatadores a través de VER a estos niños, señalar sus virtudes y potencializar sus habilidades. Por esta atención – aunque no venga de los padres -  pueden darse cuenta que existen y que son valiosos y a partir de ahí, salir de la invisibilidad y cimentar su éxito en la vida.

Otra manera, es la reflexión de los propios padres en su relación con los hijos. Los papás que logran darse cuenta han tenido en la invisibilidad a sus hijos, y toman el compromiso de hacer trabajo personal para comprender de dónde viene esa conducta, son los casos más exitosos, pues pueden sanar heridas a edades más tempranas. Claro, no sólo de sus hijos, sino también las propias.

En la próxima participación compartiré las estrategias para corregir o prevenir esta situación en nuestras familias. Por lo pronto, les dejo el enlace del programa Cada Día donde hablamos de este tema.


No olvides dejar tu comentario y compartir este artículo en tus redes sociales, nunca sabes cuando con esfuerzos tan pequeños puedes cambiarle la vida a alguien. 

Para consultas, pláticas o talleres, mándanos un correo a maternidadsustentable@gmail.com

jueves, 5 de junio de 2014

En un corazón enojado no hay espacio para el amor.

En un corazón enojado, no hay espacio para el amor”
Para introducir este tema, me gustaría clarificar algo. El enojo, la ira, la rabia, como todas las demás emociones, han sido y son necesarias para nuestra supervivencia como especie, por lo que ninguna de las emociones debemos considerarlas como “malas”. Cada una tiene una intención vital en nuestra existencia.
En el caso del Enojo, la intención vital es DEFENDERNOS, darnos seguridad. Cuando el enojo o la rabia no están bien utilizadas, es cuando se usan para ATACAR. La incorrecta expresión de la rabia puede lastimar a quienes más amamos.
El enojo, como toda emoción, es una energía que circula por el cuerpo; si se reprime o bloquea su flujo, la energía vital para el organismo se estanca o circula con dificultad, causando en el cuerpo lo que conocemos como enfermedad, o por lo menos, algunas enfermedades.
Ahora, porqué a veces preferimos recurrir al enojo o rabia en vez de expresar alguna de las otras emociones (en Gestalt consideramos cinco principales, de las cuales se derivan las demás y estas son: Afecto, Miedo, Alegría, Tristeza y Enojo), porque en la rabia “nos sentimos fuertes”. La adrenalina y el corticol corren por nuestras venas, sentimos como se “prende” nuestro cuerpo e interpretamos esto como “fortaleza”. Por ejemplo, un papá que no tiene empleo, no tiene recursos para cubrir las necesidades de su familia, eso le preocupa, lo entristece, pero como estas emociones lo hacen vivir un bajón de energía, entonces lo disfraza de enojo, así no se siente débil…

               Una mamá a la que ese esposo le grita todo el día y de forma pasiva hasta le echa la culpa de la situación económica que viven, es una mujer enojada, que no se atreve a ponerle límites a su esposo o a entablar una comunicación donde ambos hablen abiertamente de lo que sienten, la toma con los hijos; y les reprocha que no sean más agradecidos o más ordenados, o lo que sea, el caso es tener oportunidad de sacar todo ese enojo hacia su esposo (y a veces hacia ella misma) en alguien que no la supera en fuerza o tamaño…
Las personas que no tramitan su rabia de manera oportuna, hasta la “alegría” la viven desde el enojo. Entonces nuestro equipo amado logra un triunfo,y entonces, por qué no, ataco propiedad privada, fastidio coches, etc. Esos seudo aficionados, en realidad, son personas enojadas, que sacan ese resentimiento en cualquier oportunidad, hasta en la alegría…
Ahora, ¿¿qué hacer??
Si me doy cuenta de que me estoy viviendo así – y evidentemente no me hace feliz a mí ni a las personas con las que convivo -, puedo hacer alguna de las siguientes acciones:
1.     Ir a terapia. Reflexiona si llevas demasiado tiempo así y no has logrado salir de esta situación dolorosa por ti solo o sola. Si es así, se humilde y pide ayuda. Hay muchos profesionales con la posibilidad de brindarte ayuda.
2.     Lo que puedes hacer en casa: RESPIRA HONDO. Cuando sientas que empiezas a salirte de tus cabales, respira repetidamente de forma profunda, dándole tiempo a tu cerebro de recibir oxígeno que le permita pensar para ofrecer otras alternativas antes que atacar.
3.     Ten presente en tu mente lo siguiente: lo que ME ENOJA, es lo que otro HACE, no lo que el otro ES. Y desde esta perspectiva pueden ocurrírsete otras opciones de resolución de eso que te enoja. Con esto evitas atacar y ofender antes de haber podido pensar.
4.     Padres SATISFECHOS no tienen necesidad de CASTIGAR. Por el contrario, corrigen, guían, modelan actitudes y conductas. Y como decíamos la otra vez, si me doy cuenta que no estoy satisfecho o pleno en este momento, es buen momento de reflexionar sobre tu hacer y pedir ayuda.
5.     HABLAR. Habla asertivamente con la persona que en realidad te está causando tanto enojo. Recuerda, cuando expresamos lo que nos ocurre, para empezar, conseguimos que salga de nuestro organismo y el otro se entere de lo que está ocurriendo. Todo esto con la intención de reducir la distancia entre el otro y tú.
Por supuesto, este es un tema muy amplio y profundo, estos tips sólo son los básicos para vivirte con menos enojo, pero para comprenderlo, es necesario hacer un trabajo muy serio, que nos permita modificar la forma en cómo vivimos en nuestras familias, para entender desde qué herida proviene en realidad ese enojo que me detona mi pareja, mis hijos, la suegra, etc.
Si logramos comunicar y externar nuestro enojo de manera asertiva, le estamos modelando a nuestros hijos una manera diferente de vivir, una más saludable. Y entonces, podemos vivir lo que dice la definición de familia según la Escuela Matríztica de Santiago, “¿Qué es la familia? Conjunto de personas que viven en el PLACER DE ESTAR JUNTOS. Hay que reflexionar si nuestra familia lo es.


Les invito a visitar nuestro blog: http://maternidadsustentable.blogspot.mx. Y nuestros muros de facebook: www.facebook.com/TeCargoConAmor  y www.facebook.com/maternidad sustentable. Y al correo electrónico: maternidadsustentable@gmail.com

En el enlace pueden ver nuestra participación en el programa Cada Día. Entramos en el minuto 23 con 25 segundos.

lunes, 19 de mayo de 2014

¿Qué quieres ser: buena mamá o mamá adecuada?


!Hola!
          Les comparto este enlace de nuestra participación en el programa Cada Día, Tv4 Guanajuato. En esta ocasión hablando de la diferencia entre "buena mamá  o mamá adecuada".

Y mencionábamos que en ocasiones, perseguir esta etiqueta de "buena mamá" nos limita, afecta, irrita y pesa, pues nos resta espontaneidad, empatía y aceptación no sólo en la relación con nuestros hijos, sino aún más hacia nosotros mismos. Nos mantiene en la exigencia neurótica y de cara a los demás, no a la reflexión personal.

Propusimos mejor, buscar vivirnos como "mamás adecuadas", es decir, mujeres que de manera consciente buscamos dar lo mejor para nuestros hijos, pero NUNCA por encima de nosotras mismas, ni de lo que es positivo para mantener la relación con amor y cooperación. Ser una "mamá adecuada" es ser una persona real, con sombras y luces, con buenos y malos momentos, con oportunidades de ser mejor en medida de que puedo reflexionar sobre mis acciones.

También les comentamos que si queremos "asegurarnos" de que estamos más próximas a ser esas "mamás adecuadas", nos interesemos en ser PERSONAS FELICES.

Si las mamás y los papás nos sentimos satisfechos con nosotros, con nuestro hacer en la vida, aún más, conocemos y nos movemos de acuerdo a nuestros sentido de vida, nuestros hijos, no sólo se sentirán amados y educados por papás felices... ¡sino que sabrán que tienen PERMISO para SER FELICES!

Y ese es uno regalo excepcional...

"Nada más sustentable que amar"

¿Qué quieres ser: buena mamá o mamá adecuada?

¿Cómo educamos contra la Discriminación?

          El sábado 17 de mayo, fue declarado por Decreto Presidencial como el Día Nacional de la Lucha contra la Homofobia.
Definiendo la homofobia como: "el temor, rechazo o aversión hacia las personas en razón de su orientación, preferencia sexual, identidad y expresión de género, basada en estereotipos, prejuicios y estigmas, expresada en actitudes y conductas discriminatorias que vulneran la igualdad, dignidad, derechos y libertades de toda persona, que pueden generar diversos tipos de violencia"1.
Y en razón de esta fecha, encontré en Facebook, decenas de imágenes y enlaces donde se manifestaba la aprobación de muchas personas a esta campaña en prevención de la discriminación sexual. A muchas de las cuales les di "like", pues creo en el derecho de las personas de vivir su sexualidad como mejor les parezca...
Pero se me quedó el tema en la cabeza. Me llevó a reflexionar sobre cómo estoy educando a mis hijos en este tema. Es decir, cómo me expreso de las personas que no son heterosexuales, qué tanto las acepto o les temo, etc.
 Pero aún más importante, me pregunté qué tan consciente estoy en mi hacer de mamá, para aceptar y acompañar a cualquiera de mis hijos de presentarse esto en sus vidas.
Así que después de darle algunas vueltas al asunto, me di cuenta que no era tan difícil definir "mi postura"
En realidad, lo único que tuve que hacer fue distinguir qué es lo que quisiera conservar en la relación de mis hijos (independientemente de su definición sexual futura). Y lo que quiero conservar es que se sientan amados y legitimados en su ser, es decir, que no se tengan que disculpar NUNCA por ser quien son.
Suena padrísimo, ¿no? Pero, más de una ocasión en mi vida me he visto en la dificultad de aceptar no sólo la sexualidad, sino las decisiones que personas amadas por mí han tomado. Algunas de estar decisiones nos han alejado en su momento. En otras, hemos tenido que volver a tejer fino para rehacer el vínculo. En otras he debido ofrecer disculpas por mi intransigencia, o mi miedo o el dolor que me dio que se hayan roto MIS expectativas...
Luego entonces, te comparto esta reflexión, porque creo que son escenarios que nos tenemos que hacer mucho antes de que nuestros hijos tengan a bien manifestar su identidad sexual, ¿no creen?



1. 17 de mayo Día Nacional de la Lucha contra la Discriminación