lunes, 14 de julio de 2014

El dolor sin voz... los hijos invisibles II


De acuerdo a la Terapia Familiar Sistémica, a las Constelaciones Familiares y a la Terapia de la Contención, uno de los regalos más preciados que les podemos dar a nuestros hijos, es asegurarnos de que saben y sienten que SON VISTOS. Cerciorarnos que los vemos, amamos y aceptamos como son, son algunos de los retos de la maternidad / paternidad. Algo que nunca falla sin importar la edad que tengan es: ver a nuestros hijos a los ojos cuando nos hablan o cuando les hablamos; y de preferencia, ponernos a su altura física.
Algunas de las sugerencias que enuncia Martha Alicia Chávez en su libro Hijos Invisibles son:
1. El primer lenguaje es el contacto. Tocarlos en cuanto nacen, no tener miedo a esa intimidad. Permitir la fusión con ellos los primeros meses, que no sean niños que se viven en una constante angustia de separación. Los niños no contenidos, además de angustia, experimentan enojo y lo manifiestan con rechazo. Es el clásico: “yo me quiero acercar o abrazarlo pero me rechaza o llora conmigo”.

2. Ser padres justos. Los papás que promueven la competencia o la comparación entre los hijos, crean rivalidad, antipatía y rencores entre los hermanos. Cómo promover la justicia: lo que se le da a uno se le da a todos, lo que se prohíbe o se permite a uno, se aplica para todos, así como las consecuencias.

3. Promueva la expresión de lo que sí pueden hacer y de lo que son capaces en vez de centrarse en el no    – y a todos por igual -. Reconocer virtudes, habilidades y avances en los procesos naturales de los hijos es sanador en sí mismo. Que el hijo note que ves sus avances (prácticamente en lo que sea: caminar, amarrarse las agujetas, en el deporte que practica, la manera de leer, etc. La lista es infinita), y hacérselos saber desde el reconocimiento, NUNCA DE LA CRÍTICA o la comparación.

4. Manifieste lo que le da orgullo de sus hijos. Ojo, no se trata de manipular a los hijos a través de nuestro “orgullo” o de hacerlos dependientes de nuestra aprobación, se trata de ser sinceros y auténticos. Por ejemplo, no es lo mismo expresar “orgullo” porque “decidió” seguir la tradición familiar (profesión, vocación, salud, hábitos o equipo de fútbol), como condicionante a su amor, que si genuinamente se acepta y aplaude lo que el hijo decide o hace para su bienestar, a pesar de salir “del molde familiar” (oficio, forma de vida, orientación sexual, situación económica, etc.)

5. Hazlos visibles ante el mundo. Va ligado con lo anterior. Se trata de reconocer sus logros o atributos reales, quitándoles el lastre de la “falsa modestia”. Te comparto que cuando mi mamá estaba a punto de una cirugía de alto riesgo (que finalmente le costó la vida), nos preguntó si había algo que le nos hubiera gustado que hiciera y que no hubiera hecho. Mis hermanos y yo le dijimos que nos llamaba la atención que nunca nos presumía. Nos dijo que a ella no le gustaban mucho las personas que “tenían” que presumir a sus hijos, ella pensaba que nuestros logros hablaban por sí mismos. Sin embargo, en cuanto tuvo la primera oportunidad, le platicó a su visita los logros que estábamos teniendo en aquel momento de la manera más espontánea y natural. Sobra decir que nosotros nos sentimos como pavorreales.

6. Cumple todo lo que prometes. Tanto lo positivo como lo negativo. Da seguridad, certeza, estructura y le confirma que es visto. Además de que comprende que “la palabra” de una persona tiene valor. Y claro, se modela con el ejemplo.

7. Defiéndelos de los abusos de otros. No se trata de andar sobreprotegiéndolos y haciéndolos inútiles, pero sí de no permitir que otros vulneren su dignidad. Si tú te enteras que a tu hijo le ha acontecido algo que lo rebasa en tamaño, fuerza o autoridad y vulnera su dignidad, tu responsabilidad en prestarle tu voz y presencia para que aquello no quede impune. Un claro ejemplo son los abusos sexuales que sufren los pequeños a manos de familiares, vecinos o amigos, y los padres no toman acción. Entonces, los hijos sufren no sólo por aquello que les perjudicó, sino también, por sentir que su dolor no tuvo el peso suficiente para que sus padres intercedieran.

Todo esto en relación a nuestros hijos. Ahora, si nos damos cuenta que NOSOTROS hemos sido esos hijos invisibles:

1.    Es necesario iniciar un trabajo terapéutico para sanar a nuestro Niño Interno lastimado. En ese caso, seguramente te puede interesar participar en el Taller de la Escuela del Amor para la Familia, o te puedo apoyar con terapia Gestalt y reiki. Te puedes comunicar conmigo al correo: maternidadsustentable@gmail.com

2.    Toma tu lugar en el mundo. Para ayudarte en este proceso, yo te recomendaría apoyarte en las Constelaciones Familiares, que te ayuden a que el flujo del amor se restablezca en su sistema familiar. En sinergia con un especialista en este tipo de terapia puedes participar el primer domingo de cada mes, más información, al mismo correo electrónico.

Si después de escuchar este tema te das cuenta que tú no estás en esta situación pero alguien que conoces, o los hijos de alguien que conoces sí, puedes compartir esta información a través del muro de FB Maternidad Sustentable, así como el link al video donde podrás ver nuestra participación en el programa Cada Día, lo que aquí hemos comentado y compartirlo en tus redes sociales. Comienza en el minuto 4 con 50 segundos. 
Miriam del Toral en Cada Día. El dolor sin voz... los niños invisibles.

domingo, 6 de julio de 2014

¡PAREN, QUE ME QUIERO BAJAR!

        Alguna vez, en su vivencia como papás han sentido las ganas de gritar: “¡PAREN, QUE ME QUIERO BAJAR!”.

Pues yo sí, y al parecer, por lo que me cuentan otros papás en los talleres o en consulta, no soy la única. Pero ¿a qué me refiero? Las situaciones pueden ser tan diversas como lo son nuestras familias, pero básicamente, hago alusión a aquellos momentos en los que la demanda de nuestras actividades diarias (profesionales, relaciones laborales-sociales y el trabajo en casa –ya saben, ese que nunca se acaba-) y la relación con nuestros hijos nos dejan exhaustos. Especialmente porque muchos de esos esfuerzos están encaminados a su bienestar, a ayudarlos a crecer de la manera que nos parece más adecuada y pareciera que no importando cuán grande sea nuestro esfuerzo, nunca logramos satisfacer sus demandas materiales y emocionales. “PAREN QUE ME QUIERO BAJAR”.
           
       Y lo que pasa a veces, es que además de todo aquello que “hacemos”, nuestros hijos no están al tanto de que establecemos nuestra relación con ellos con nuestras mejores intenciones, sobreponiéndonos a nuestras propias carencias. Pues fuimos educados por padres que a su vez tuvieron sus propias carencias emocionales     –las cuales en ocasiones nunca fueron conscientes ni trabajadas- y de modelos de conducta basados más en la obediencia vertical que en la negociación. Y de repente, nos encontramos nosotros siendo adultos, con niños internos lastimados, a veces conscientes de ello y trabajándolo, y la mayoría de las veces sólo sacando fuerzas de flaqueza para no recurrir a las viejas prácticas paternales vividas en carne propia. “PAREN QUE ME QUIERO BAJAR”.

    Otra cosa que no saben nuestros hijos, es que ante escenarios como esos, con nuestro aparato psíquico y emocional agotado, en la primera persona que repercute es en la pareja. Porque claro, si tú estás exhausto, sintiéndote vacío, con qué acompañas amorosamente al otro. Esta sensación de “me quiero bajar”, parece que va “en paquete” con la pareja, y la alucinación es que apartándote de TODO, tal vez recuperes parte de tu identidad desdibujada en tanto esfuerzo y puedas recuperar “tu vida”. 

     Aclaro, no tu vida real (sí, esa que te tiene agotado), sino “tu vida ideal”, esa que te imaginaste cuando iniciaste tu matrimonio, en la cual soñaste que todo esfuerzo sería compensado con una satisfacción directamente proporcional al empeño que pusiste, empezando por el económico y siguiendo por la placidez de una relación de pareja, plena, apasionada. Coronada por la felicidad de la llegada de unos hijos que siempre serían agradecidos con aquello que les ofrecemos. Entendiendo ese agradecimiento como devoción, obediencia, alegría y empatía hacia nosotros, sus amorosos padres.
Pero no, esa no es “tu vida real”, es “tu vida ideal”, producto sólo de tus expectativas. Tal vez, lo que más agota es constatar que esas expectativas están demasiado alejadas de la realidad.

     ¿Qué hacer entonces? – además de gritar: “PAREN QUE ME QUIERO BAJAR”.
Vale la pena agradecer a esa hermosa imagen de familia y pareja que nos habíamos hecho y… despedirla.

     Acto seguido, hacer una aspiración muy profunda y darle la bienvenida – con los brazos abiertos – a la familia y pareja que en realidad tienes y de la cual eres parte. Aceptarla con todo aquello que tiene y que carece, apreciando la felicidad que sí te da, resaltando las virtudes que sí tiene, recuperando esos momentos que te han hecho llorar de emoción, no por su parecido con tu imagen ficticia de familia, sino por la emoción que has experimentado, que es tuya, que es invaluable y que ES REAL.

Charlar con tu pareja sobre todo esto que sientes que está a punto de rebasarte, también ayuda. Por lo menos le deja la claridad de que lo que está pasando no es contra él o ella. Que nuestras frágiles expectativas se están desmoronando, y que lejos de que esto sea negativo, es un aliciente al despertar adulto desde el cual sí puedes hacer algo distinto, empezando por la actitud con la que lo afrontas. Cuando puedes compartir esto con tu pareja, es probable que él o ella también te muestren los añicos de sus propias expectativas. Cuando el encuentro se da de manera amorosa, estas astillas pueden ser el cimiento de la construcción de una familia más fuerte y unida, partiendo de lo que sí hay y distinguiendo lo que se quiere conservar de ella.

     Así que la próxima vez que quieras gritar: “PAREN QUE ME QUIERO BAJAR”, respira profundo, deja salir el aire dando un suspiro pronunciado, como dejando que el oxígeno llegue a tu cerebro, y desde ahí, date tiempo de reflexionar si lo que te rebasa es lo que está ocurriendo o la expectativa que tenías de ello. Si lo que falla sólo es la expectativa, date un ratito para despedirla y, respirando con toda consciencia, abre un paréntesis para ver a tu familia real… ¿qué observas? ¿Qué conservarías de esta dinámica? ¿Qué ya no quieres conservar? Con esto más claro, ve y platícalo con tu pareja, luego y en consenso, con tus hijos. Renueven votos partiendo de su realidad.

     Y así, tal vez la próxima vez que griten: “PAREN QUE ME QUIERO BAJAR”, sea porque han llegado juntos y con gozo al destino que han construido todos los días.


lunes, 30 de junio de 2014

El dolor sin voz... los hijos invisibles

 El dolor sin voz... los Hijos Invisibles

Los hijos invisibles son aquellos que no son vistos ni reconocidos por los padres en la vida cotidiana. Puede presentarse esta situación por alguna circunstancia específica en la vida de la familia o de los padres durante la infancia de estos niños; o simple o sencillamente, porque estos niños no entran en el radar del interés de sus padres.

Vivir en la invisibilidad genera mucho sufrimiento, pues es como estar sin voz, es lo más parecido a “no existir”. No son niños agredidos o lastimados físicamente – vaya, no son golpeados – pero viven en la sombra. Pero ni uno ni otro escenario es deseable, pues en ambos se crean heridas muy profundas en su psique y determinan muchas de sus acciones en el futuro.

Estos niños, crecen en el aislamiento e introversión, las heridas que supuran en ellos son las del abandono y el rechazo. Lo que les comunica la actitud de sus padres, es que no han sido merecedores de su amor, y por tanto, de la vida. Este peso es sofocante y los lleva a apagar su voz. Trasladan esta conducta a los ámbitos en los que se relacionan y crecen sin ser vistos ni oídos tampoco por los demás, confirmando su sentir de minusvalía. Si llegan a tener pareja, siempre se sentirán que menos ante ella, y reproducirán ese comportamiento con esta y sus hijos, produciendo así, más hijos invisibles.
Los niños invisibles, en la búsqueda de ser vistos, tienden a manifestarse de dos formas (CHÁVEZ, 2011), hacia la gente o contra la gente. Los primeros son los que aceptarán “ponerse de tapete” con tal de ser vistos. También tenderán a ser MUY extrovertidos, casi excéntricos para “forzar” a que la gente a verlos.
Los segundos, los que actúan “contra la gente”, son niños que manifiestan su enojo por no ser reconocidos en casa, en su entorno, por ejemplo, siendo muy agresivos con sus compañeros en la escuela. Incluso ha habido los que desarrollan conductas sociópatas en su afán de ser vistos.
Los salvavidas para estos niños pueden ser personas que están a su alrededor y se percatan de estas situaciones, pueden ser los abuelos, tíos, vecinos, maestros, etc., que pueden fungir como rescatadores a través de VER a estos niños, señalar sus virtudes y potencializar sus habilidades. Por esta atención – aunque no venga de los padres -  pueden darse cuenta que existen y que son valiosos y a partir de ahí, salir de la invisibilidad y cimentar su éxito en la vida.

Otra manera, es la reflexión de los propios padres en su relación con los hijos. Los papás que logran darse cuenta han tenido en la invisibilidad a sus hijos, y toman el compromiso de hacer trabajo personal para comprender de dónde viene esa conducta, son los casos más exitosos, pues pueden sanar heridas a edades más tempranas. Claro, no sólo de sus hijos, sino también las propias.

En la próxima participación compartiré las estrategias para corregir o prevenir esta situación en nuestras familias. Por lo pronto, les dejo el enlace del programa Cada Día donde hablamos de este tema.


No olvides dejar tu comentario y compartir este artículo en tus redes sociales, nunca sabes cuando con esfuerzos tan pequeños puedes cambiarle la vida a alguien. 

Para consultas, pláticas o talleres, mándanos un correo a maternidadsustentable@gmail.com

jueves, 5 de junio de 2014

En un corazón enojado no hay espacio para el amor.

En un corazón enojado, no hay espacio para el amor”
Para introducir este tema, me gustaría clarificar algo. El enojo, la ira, la rabia, como todas las demás emociones, han sido y son necesarias para nuestra supervivencia como especie, por lo que ninguna de las emociones debemos considerarlas como “malas”. Cada una tiene una intención vital en nuestra existencia.
En el caso del Enojo, la intención vital es DEFENDERNOS, darnos seguridad. Cuando el enojo o la rabia no están bien utilizadas, es cuando se usan para ATACAR. La incorrecta expresión de la rabia puede lastimar a quienes más amamos.
El enojo, como toda emoción, es una energía que circula por el cuerpo; si se reprime o bloquea su flujo, la energía vital para el organismo se estanca o circula con dificultad, causando en el cuerpo lo que conocemos como enfermedad, o por lo menos, algunas enfermedades.
Ahora, porqué a veces preferimos recurrir al enojo o rabia en vez de expresar alguna de las otras emociones (en Gestalt consideramos cinco principales, de las cuales se derivan las demás y estas son: Afecto, Miedo, Alegría, Tristeza y Enojo), porque en la rabia “nos sentimos fuertes”. La adrenalina y el corticol corren por nuestras venas, sentimos como se “prende” nuestro cuerpo e interpretamos esto como “fortaleza”. Por ejemplo, un papá que no tiene empleo, no tiene recursos para cubrir las necesidades de su familia, eso le preocupa, lo entristece, pero como estas emociones lo hacen vivir un bajón de energía, entonces lo disfraza de enojo, así no se siente débil…

               Una mamá a la que ese esposo le grita todo el día y de forma pasiva hasta le echa la culpa de la situación económica que viven, es una mujer enojada, que no se atreve a ponerle límites a su esposo o a entablar una comunicación donde ambos hablen abiertamente de lo que sienten, la toma con los hijos; y les reprocha que no sean más agradecidos o más ordenados, o lo que sea, el caso es tener oportunidad de sacar todo ese enojo hacia su esposo (y a veces hacia ella misma) en alguien que no la supera en fuerza o tamaño…
Las personas que no tramitan su rabia de manera oportuna, hasta la “alegría” la viven desde el enojo. Entonces nuestro equipo amado logra un triunfo,y entonces, por qué no, ataco propiedad privada, fastidio coches, etc. Esos seudo aficionados, en realidad, son personas enojadas, que sacan ese resentimiento en cualquier oportunidad, hasta en la alegría…
Ahora, ¿¿qué hacer??
Si me doy cuenta de que me estoy viviendo así – y evidentemente no me hace feliz a mí ni a las personas con las que convivo -, puedo hacer alguna de las siguientes acciones:
1.     Ir a terapia. Reflexiona si llevas demasiado tiempo así y no has logrado salir de esta situación dolorosa por ti solo o sola. Si es así, se humilde y pide ayuda. Hay muchos profesionales con la posibilidad de brindarte ayuda.
2.     Lo que puedes hacer en casa: RESPIRA HONDO. Cuando sientas que empiezas a salirte de tus cabales, respira repetidamente de forma profunda, dándole tiempo a tu cerebro de recibir oxígeno que le permita pensar para ofrecer otras alternativas antes que atacar.
3.     Ten presente en tu mente lo siguiente: lo que ME ENOJA, es lo que otro HACE, no lo que el otro ES. Y desde esta perspectiva pueden ocurrírsete otras opciones de resolución de eso que te enoja. Con esto evitas atacar y ofender antes de haber podido pensar.
4.     Padres SATISFECHOS no tienen necesidad de CASTIGAR. Por el contrario, corrigen, guían, modelan actitudes y conductas. Y como decíamos la otra vez, si me doy cuenta que no estoy satisfecho o pleno en este momento, es buen momento de reflexionar sobre tu hacer y pedir ayuda.
5.     HABLAR. Habla asertivamente con la persona que en realidad te está causando tanto enojo. Recuerda, cuando expresamos lo que nos ocurre, para empezar, conseguimos que salga de nuestro organismo y el otro se entere de lo que está ocurriendo. Todo esto con la intención de reducir la distancia entre el otro y tú.
Por supuesto, este es un tema muy amplio y profundo, estos tips sólo son los básicos para vivirte con menos enojo, pero para comprenderlo, es necesario hacer un trabajo muy serio, que nos permita modificar la forma en cómo vivimos en nuestras familias, para entender desde qué herida proviene en realidad ese enojo que me detona mi pareja, mis hijos, la suegra, etc.
Si logramos comunicar y externar nuestro enojo de manera asertiva, le estamos modelando a nuestros hijos una manera diferente de vivir, una más saludable. Y entonces, podemos vivir lo que dice la definición de familia según la Escuela Matríztica de Santiago, “¿Qué es la familia? Conjunto de personas que viven en el PLACER DE ESTAR JUNTOS. Hay que reflexionar si nuestra familia lo es.


Les invito a visitar nuestro blog: http://maternidadsustentable.blogspot.mx. Y nuestros muros de facebook: www.facebook.com/TeCargoConAmor  y www.facebook.com/maternidad sustentable. Y al correo electrónico: maternidadsustentable@gmail.com

En el enlace pueden ver nuestra participación en el programa Cada Día. Entramos en el minuto 23 con 25 segundos.

lunes, 19 de mayo de 2014

¿Qué quieres ser: buena mamá o mamá adecuada?


!Hola!
          Les comparto este enlace de nuestra participación en el programa Cada Día, Tv4 Guanajuato. En esta ocasión hablando de la diferencia entre "buena mamá  o mamá adecuada".

Y mencionábamos que en ocasiones, perseguir esta etiqueta de "buena mamá" nos limita, afecta, irrita y pesa, pues nos resta espontaneidad, empatía y aceptación no sólo en la relación con nuestros hijos, sino aún más hacia nosotros mismos. Nos mantiene en la exigencia neurótica y de cara a los demás, no a la reflexión personal.

Propusimos mejor, buscar vivirnos como "mamás adecuadas", es decir, mujeres que de manera consciente buscamos dar lo mejor para nuestros hijos, pero NUNCA por encima de nosotras mismas, ni de lo que es positivo para mantener la relación con amor y cooperación. Ser una "mamá adecuada" es ser una persona real, con sombras y luces, con buenos y malos momentos, con oportunidades de ser mejor en medida de que puedo reflexionar sobre mis acciones.

También les comentamos que si queremos "asegurarnos" de que estamos más próximas a ser esas "mamás adecuadas", nos interesemos en ser PERSONAS FELICES.

Si las mamás y los papás nos sentimos satisfechos con nosotros, con nuestro hacer en la vida, aún más, conocemos y nos movemos de acuerdo a nuestros sentido de vida, nuestros hijos, no sólo se sentirán amados y educados por papás felices... ¡sino que sabrán que tienen PERMISO para SER FELICES!

Y ese es uno regalo excepcional...

"Nada más sustentable que amar"

¿Qué quieres ser: buena mamá o mamá adecuada?